Eso de que la vida es un círculo es una puta verdad. Por lo menos en mi caso puntual. Se supone que ya estaba saliendo del hueco, que ya hacía mis cosas, que me concentraba por lo menos a ratos en sacar algo distinto en este puto trabajo. Pero esa noche de jueves, por la cual no pude dormir en la víspera, me hizo reverga. Sí, me fundió. Me hizo caer al fondo de los abismos. Por alguien que (aún me duele descartarle totalmente de mi vida) no vale la pena. No vale la pena mierda, no, no... Pero en el fondo del corazón, como me decía la Maggi, me muero de ganas. Aun cuando la Lu me ha hecho mierda. Sin ningún grado de compasión ni una pizca de amor.
Esa noche se presentaba Calamaro. Y yo me cagaba porque a ella le encanta y daba por descontado que ella iba, junto con el imbécil que tiene por compañero (aunque yo no lo conozco, es un imbécil hijo de su perra y drogadicta madre, que rondó sin cesar alrededor de ella y se aprovechó de su despecho). Por eso quería salir, quería estar afuera, chupando, no en el mismo lugar, pero por lo menos rondando, así como ese mal parido debió haber hecho miles de veces. Aunque supiera que ni cagando, como siempre, me la iba a topar.
Biela iba. Biela venía. ¿Por qué no le escribes? Me dijo compadeciéndose de mí el pana Cristóbal. Lo hice. Una mensaje cojudo: "Tenías razón. Calamaro es buenazo". "Qué bueno que lo disfrutes, es plenazo", contestó, dándome ánimos inútiles gracias a mi coma emocional. Dándome la posibilidad de sonreír en medio de mi amargura clavada con astillas podridas. Seguí con el mensajeo cujudo. Ni los grillos contestaron.
Seguimos chupando en el bar de los rockers. Luego en mi casa. Con música que derrumbaba las paredes de mi endeble wacho. Con la mente puesta en por qué chuchas no me respondía, aunque sabía de sobra por qué. Dormí, medio pluto. Desperté con ella en el mate. Le deje al pana. Insistí otra vez. Y de nuevo nada.
Fui al diario, angustiado, lloroso, con el corazón y la mente en la mano. Le pedí que chatearemos. El único método con el cual he tenido contacto directo con ella en meses. Accedió. Y procedió a hacerme verga. Procedió con su temple y su revanchismo, convertidos en una demoledora, a acabar conmigo, quien lloroso pedía, solicitaba, imploraba, rogaba. Totalmente desconocido. Derrumbado. Distinto al que hace dos años la enamoró e hizo con ella lo que le daba la puta gana.
Tras un pedido mío y duda por uns segundos, escribió: "no te amo", palabras que como cuchillas se clavaron en mi estómago. Remato que era feliz con el mequetrefe, quien como suponía era padre y tenía a su engendro de verga en casa como los tiene ella. Me dijo enfermo, que necesitaba tratamiento. Se cagó en mi desesperada, absurda, inédita y hasta hace poco impensable proposición de matrimonio. Sin pensarlo se limpió el culo con mi propuesta y hecho más mierda encima mío. Lo único que le faltó era decirme cómo tiraba con el cojudo eso.
Rogué. Sí le rogué. Que accediera a verme y darme la estocada final. Destrozado, tenía por lo menos la intención de que ella por lo menos diera la cara, con el ofrecimiento que le hice de que no le iba a joder que volvieramos, que entendía su nueva y ridicula relación. Ni verga dijo en su mente y me dijo no en el chat. Hecho verga. Hecho mil vergas. No sé como chucha soporté frente al teclado. Se fue. Se fue del chat diciéndome enfermo otra vez y amanezándome con que el mamarracho se haría cargo de mí si la vuelvo a buscar. Reí en medio de la desolación y una segundo después caí en cuenta: le valgo tanta verga que no le importa que un don nadie se haga cargo de mí. No me quiere. Nunca me quisiste omota fácil. Coco tenías razón cabrón desgraciado.
Me paré y casi me voy al piso. Me movía de un lado al otro para no caer. Salí de trabajo y le dije a la vieja jefa que no podía más. Lloré. Me abrazó. Quiero verle con el otro y nada más le dije. Me dijo no te vayas, te van a romper más el corazón y también la cara. Lo pensé. Salí partido, pulverizado, con la idea de ir a verla a ese pueblucho infeliz con la idea de trincarle con el otro, que en un inicio era fuerte, diluyéndose cada vez más.
Eso fue todo. Luego llanto, sin lágrimas casi. Búsqueda desesperada de panas. Casa. Consejo de uno y otro y hasta de quién chucha nada tenía qué opinar.
Ay chucha. Aún duele. En la ducha de ese hotel de santo domingo, adonde fui para culearle a la promiscua y ofrecida secretaria, pensé que mi decepcion era aún más grande al saber que quien yo pensaba amar, en quién tenía la esperanza de que algún rato diera marcha atrás y me buscara, era solo un ex de mil vergas como todas las otras, solo que, resentida, rechazada y humillada por mí forma de ser en el pasado, buscaba revancha.
Ahora quedo yo. Solo yo como siempre. Nada más. Yo mismo encargado de levantar a este medio muerto, que, pese a lo que digas perra, se levanta. Se levanta y caga a todos. Sí chucha. Se levanta y cada vez que lo hace el resto tiene miedo. Tiemblen todos hijueputas.
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